II Concurso de Archivos históricos de empresas - Iniciativa de Archivos - Fundación Williams y Fundación Bunge y Born.

jueves, 18 de septiembre de 2008

A precio de hierro

miércoles, 17 de septiembre de 2008                           -  El OBSERVADOR - Colón -
                                                                                                         por Luis Bouvet


sábado, 19 de abril de 2008

El patrimonio de Liebig

        
                 L I B R O      Fotografía en Palabras 
                                      La Liebig de Martí 
                              

por Sergio KIERNAN.

Liebig es un caso de Patrimonio Industrial de primera importancia que abarca a una comunidad entera. Es, también, menos conocido de lo que debería ser y este libro ayuda a difundir este pequeño tesoro.

Este Martí del título es un poeta, aunque no el de las grandes odas panamericanas sino el de las íntimas y locales. Autor de muchos libros, tipógrafo y periodista, rosarino afincado en Liebig desde la más tierna infancia, Jorge Martí hace de hilo para contar la vida de Liebig en su apogeo y para compilar un álbum de imágenes realmente valioso. Es que este pueblo es un ejemplo de planeamiento urbano finisecular, con un lenguaje criollista llamativo en una instalación británica. A esto se le mezcla el álbum personal del poeta, que permite en muchos casos ver las casas y calles como eran originalmente. Hay una, felizmente reproducida a página completa, de Martí en triciclo en el patio de su casa en 1931, patio equipado con pajarera y con una galería cerrada con mosquiteros y trellis, cenefas de madera calada y cerramiento de tabla vertical y ventana repartida.

Adriana Ortea es una arquitecta porteña que encontró en Liebig una nueva vida, más tranquila, en una de las viejas casonas con patio y jardín que hace un siglo alojaban a los directivos de la fábrica. Ortea trabaja en la Gestión del Patrimonio Industrial y dirige el proyecto del archivo marca Liebig, con dos objetivos en mente: preservar el pueblo físicamente y darle una mejor vida económica, cosas que suelen ir de la mano. Su último esfuerzo es el libro Fotografía en palabras: la Liebig de Martí, que mezcla sin fisuras los dos conceptos de patrimonio.

jueves, 24 de enero de 2008

La Liebig de Marti

Al calor del estío entrerriano y bajo la luna llena 

la familia Martí: Marta, Jorge Enrique
y su hijo Jorge.

Se presentó Fotografía en Palabras – La Liebig de Martí, con audiovisual al aire libre en Pueblo Liebig.  

Adriana Ortea, Jorge Enrique Martí,
Graciela Rotman y Alfredo Ibarrola.
            Una noche estrellada, calurosa como son las de enero pero con una brisa generosa. Pareció estar todo el pueblo ahí, además de los amigos de Colón, de Paraná, Buenos Aires y hasta de Paysandú. Se sentaron en más de un centenar de sillas, mirando la pared blanca de la Junta de Gobierno.

            En la primera fila de asientos estaban los funcionarios de Paraná y el poeta Jorge Enrique Martí, con su familia. ¿Cuántos asientos por fila? Quince sillas, por diez hileras. Fácil ciento cincuenta, más los parados, y los tímidos en las sombras del fondo. No todos sabían a lo que venían. Los periódicos sólo dijeron, “la arquitecta Adriana Ortea presentará un libro.” Sitios en Internet dieron más detalles.
En esa noche que cubrían las estrellas, Adriana Ortea hizo su presentación de “La Liebig de Martí,” agradeció a todo el mundo, luego Graciela Rotman seguida de Alfredo Ibarrola hablaron desde la mesa en un escenario natural que hace la vereda frente a la puerta de la oficina de la Junta. Y Jorge Enrique Martí se acercó, desde su primera fila, para celebrar al libro y al pueblo, con la poesía y las memorias.  Luego, el audiovisual, llenó la vista y el aire de imágenes nuevas y antiguas, de música y poesía.

Impresionó. Aplaudieron. Todo un pueblo aplaudió a un libro sobre el pueblo, al poeta, a la autora, y a la memoria. Fabulosa noche, con decir que no alcanzaron los choripanes. Nadie pensó que la poesía y las memorias traerían tanta gente.

Andrew Graham-Yooll
* periodista. Ombudsman del diario Perfil, ex director del Buenos Aires Herald.

jueves, 21 de septiembre de 2006

Paisajes del Agua


            

  
En el marco de las III Jornadas de Patrimonio Industrial, Gijón – Asturias – España, organizadas por la Asociación de Arqueología Industrial, INCUNA (Industria- Cultura – Naturaleza), presidida por Miguel Angel Areces, en septiembre de 2006 se convocó al III Certamen Internacional de Fotografía sobre Patrimonio Industrial y Paisajes del Agua.

Ante esta convocatoria temática, Paisajes del Agua, presenté cinco fotografías relacionadas con el Patrimonio Industrial de Liebig’s Extract of Meat Co. Ltd., compañía dedicada a la producción de carne en conserva sobre el Río Uruguay, en la localidad de Pueblo Liebig, Entre Ríos, Argentina. Una de ellas, fue seleccionada para la exposición en las Jornadas y su publicación: 

EL RÍO NO ES SÓLO ESO.
En ambas orillas del Uruguay chimeneas de saladeros y frigoríficos, se convirtieron en faros para los navegantes. En Liebig’s sólo queda una de las dos chimeneas, y se ha quedado petisa y gorda. Las piedras del muro de contención se van derrumbando y seguirán La fábrica parece más una ruina industrial, pero el Uruguay no es sólo un río, es un cielo azul que viaja; así como sigue viaje hacia otros cauces la típica chalana entrerriana.
         
EL AGUA CORRÍA A CHORROS.
Toda FÁBRICA COLÓN  se alimentaba con un chorro de agua, extraído por  bombas, de las aguas del río Uruguay, interminable corriente de agua, sin la cual sería imposible tener 160.000 litros de agua por hora. La carne palpitante de la vaca era mezclada con agua hirviendo, pasando de caldera en caldera, de conducto en conducto, por filtros, depósitos y evaporizadores, hasta convertirse en caldo o Extracto Liebig’s. El agua subía y un olor, a puchero familiar, dio lugar a la industria de la carne en conserva y a todo un pueblo en torno a ella.
             

         
EL RÍO SIEMPRE ESTÁ.
En ambas orillas del río Uruguay la cría de vacas se convirtió en industria y el jugo de la carne se llamó Liebig’s Extract of Meat, viajando por todo el mundo en frascos o latas. En Entre Ríos, vapores de 5000 y 6000 toneladas arrimaban en los tres muelles de estructura metálica construidos hacia 1910. Entraron mercaderías y salieron productos, de Londres a Fábrica Colón, del río Uruguay al río Támesis;  todo iba y venía... como un permanente sin fin; que alcanzó un fin hacia 1980, pero aún espera otro fin. 

   

LO QUE SE VA LLEVANDO EL RÍO.
En estas “grandes cocinas del mundo”, como se conocieron las fábricas de Liebig’s, el agua fue parte vital en los procesos industriales de la producción de la carne y corría a chorros por todos lados. ¿A donde iban los residuos animales? Volvían al mismo río, donde muchísimos peces se arremolinaban a capturar fácilmente, vísceras o desperdicios cárnicos; y también así de fácil, caían en los anzuelos tendidos alrededor de aquel desagüe de ladrillo. Hoy, quebrado en varias partes, permanece como símbolo de lo mucho que ya no es.
   
    
          EL PASO DEL TIEMPO.
             El río Uruguay viaja; más alto o  bajo según lo decretan las crecientes              
             periódicas, y ahora lo decide la represa Salto Grande. La crecida nunca fue tan
             alta como en el ´59, casi llega a tapar la “casa de bombeo”, pero pasó la del
’41 y la del ’29.  El agua trae piedras y ladrillos; semillas y árboles que dan fruto, pero se van clavos y hierros de los muelles. La  muralla de piedra mora busca contener las crecidas pero no puede defender el paso del agua y el paso del tiempo que todo se lleva. 


* para buscar más información: www.incuna.es