martes, 3 de febrero de 2009

El Patrimonio sale en camiones

 Pueblo Liebig, 31 de enero de 2009   
- APF digital -


Progresivamente desaparece
la Fábrica Liebig

   - Adriana Ortea, arquitecta y habitante de Pueblo Liebig en el departamento Colón, es una de las referentes de la lucha que emprendieron vecinos del lugar que buscan evitar la desaparición de lo que queda de la ex fábrica de carne en conserva, propiedad de Fri.co.sa.

     En “septiembre pasado tomamos conciencia de la situación”, señaló Ortea y pasó a describir qué queda del frigorífico que supo ser a principios del siglo XX la primera fábrica argentina dedicada a la elaboración de conservas de carne.
      En el sector que funcionaba como caldera, “las maquinarias se desarmaron y se las llevaron, vaciaron todo lo que era cañerías, las subterráneas también”. Se trató de “un tipo de demolición” ya que por ejemplo a las lozas y a los hornos, los tiraron. Ahora entras a un edificio que es un rectángulo de 20 o 30 metros de altura pero vacío. No queda nada, las paredes exteriores nomás”, comentó.
      La usina que tiene dos pisos sufrió el mismo proceso; “primero le sacaron las máquinas y después las lozas que son de perfilaría. Sólo quedó una carcaza exterior”.
      En resumen, “lo que ellos vinieron a comprar es hierro y por eso primero sacaron las maquinarias antiguas. A esto lo vi a mediados de septiembre, no sé cuál será el estado ahora porque no nos dejan entrar, pero se que hay otros edificios y galpones que no los tocaron. Podemos decir que perdimos un 30%, tenemos un 60% que podría reutilizarse y despreciemos un 10%”. Igualmente perdimos mucho. Hay edificios, hay pedazos, galpones que quedan y que te dan a entender que allí hubo una industria”.

      Por eso cualquier medida de protección es buena y urgente ya que en las circunstancias actuales en las que estamos no sabemos qué proyectos tienen por atrás”, entendió. Seguidamente recordó que en pos de mantener lo que queda de ese patrimonio se hizo el planteo para no innovar, pero no hubo voluntad de hacer nada y esta gente siguió trabajando hasta ahora que parece que pararon, capaz porque quieren bajar los decibeles”, especuló la mujer al reconocer el efecto de haber “movido el avispero”.
      “De parte de la Provincia no ha habido ninguna medida clara, no conseguimos avanzar. Estuve reunida con Roberto Romani (Subsecretario de Cultura) y me dijo que desde Cultura no es mucho lo que puede hacer. Acá hace falta una decisión ejecutiva del Gobernador o una ley de la Legislatura, subrayó.   
            
     El emplazamiento industrial marca la historia de Liebig que “es un pueblo industrial primero y luego histórico”, por lo tanto “si desaparece lo que es la fábrica es muy difícil contar el origen”, aseveró Ortea. Es hablar del trabajo y del origen y en consecuencia “todo lo que es la fábrica y la protección de las fachadas y la arquitectura necesita urgente una declaración de protección”, insistió. 
      El 1° de diciembre pasado, Eusebi Casanelles, presidente del Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial, envió sendas notas al gobernador y vice de la provincia en las que solicitaba "la revisión del estado" del edificio histórico y "la preservación del mismo como testimonio y emblema de la valiosísima historia social e industrial de la región".   

      Bajo la propiedad de Juan O’Connor en 1863, de capitales ingleses y con el nombre de Liebig’s Extract of Meat Company Limited a fines del siglo XIX y desde 1980, en manos de la familia Vizental. Pero no es sólo el destino de las instalaciones y maquinarias del ex saladero lo que preocupa a los vecinos de Liebig, sino que también Fri.co.sa, de la mano de Juan Carlos Vizental, como su apoderado, “es dueño del 60% del pueblo. Y cuando hablamos del 60% decimos la vía de chalets o zona residencial y después una enorme cantidad de terrenos libres posibles de ser loteados” que en caso de “venderlos” pueden provocar “la modificación de la fisonomía del pueblo” que a criterio de la profesional “corre riesgo según para dónde crece y se desarrolla”.
      “Esta vorágine viene atrás de lo turístico y si el turismo y cierto desarrollo van a expulsar a las comunidades locales y su patrimonio, estamos ante un disparate”, concluyó Ortea.