jueves, 21 de septiembre de 2006

Paisajes del Agua


            

  
En el marco de las III Jornadas de Patrimonio Industrial, Gijón – Asturias – España, organizadas por la Asociación de Arqueología Industrial, INCUNA (Industria- Cultura – Naturaleza), presidida por Miguel Angel Areces, en septiembre de 2006 se convocó al III Certamen Internacional de Fotografía sobre Patrimonio Industrial y Paisajes del Agua.

Ante esta convocatoria temática, Paisajes del Agua, presenté cinco fotografías relacionadas con el Patrimonio Industrial de Liebig’s Extract of Meat Co. Ltd., compañía dedicada a la producción de carne en conserva sobre el Río Uruguay, en la localidad de Pueblo Liebig, Entre Ríos, Argentina. Una de ellas, fue seleccionada para la exposición en las Jornadas y su publicación: 

EL RÍO NO ES SÓLO ESO.
En ambas orillas del Uruguay chimeneas de saladeros y frigoríficos, se convirtieron en faros para los navegantes. En Liebig’s sólo queda una de las dos chimeneas, y se ha quedado petisa y gorda. Las piedras del muro de contención se van derrumbando y seguirán La fábrica parece más una ruina industrial, pero el Uruguay no es sólo un río, es un cielo azul que viaja; así como sigue viaje hacia otros cauces la típica chalana entrerriana.
         
EL AGUA CORRÍA A CHORROS.
Toda FÁBRICA COLÓN  se alimentaba con un chorro de agua, extraído por  bombas, de las aguas del río Uruguay, interminable corriente de agua, sin la cual sería imposible tener 160.000 litros de agua por hora. La carne palpitante de la vaca era mezclada con agua hirviendo, pasando de caldera en caldera, de conducto en conducto, por filtros, depósitos y evaporizadores, hasta convertirse en caldo o Extracto Liebig’s. El agua subía y un olor, a puchero familiar, dio lugar a la industria de la carne en conserva y a todo un pueblo en torno a ella.
             

         
EL RÍO SIEMPRE ESTÁ.
En ambas orillas del río Uruguay la cría de vacas se convirtió en industria y el jugo de la carne se llamó Liebig’s Extract of Meat, viajando por todo el mundo en frascos o latas. En Entre Ríos, vapores de 5000 y 6000 toneladas arrimaban en los tres muelles de estructura metálica construidos hacia 1910. Entraron mercaderías y salieron productos, de Londres a Fábrica Colón, del río Uruguay al río Támesis;  todo iba y venía... como un permanente sin fin; que alcanzó un fin hacia 1980, pero aún espera otro fin. 

   

LO QUE SE VA LLEVANDO EL RÍO.
En estas “grandes cocinas del mundo”, como se conocieron las fábricas de Liebig’s, el agua fue parte vital en los procesos industriales de la producción de la carne y corría a chorros por todos lados. ¿A donde iban los residuos animales? Volvían al mismo río, donde muchísimos peces se arremolinaban a capturar fácilmente, vísceras o desperdicios cárnicos; y también así de fácil, caían en los anzuelos tendidos alrededor de aquel desagüe de ladrillo. Hoy, quebrado en varias partes, permanece como símbolo de lo mucho que ya no es.
   
    
          EL PASO DEL TIEMPO.
             El río Uruguay viaja; más alto o  bajo según lo decretan las crecientes              
             periódicas, y ahora lo decide la represa Salto Grande. La crecida nunca fue tan
             alta como en el ´59, casi llega a tapar la “casa de bombeo”, pero pasó la del
’41 y la del ’29.  El agua trae piedras y ladrillos; semillas y árboles que dan fruto, pero se van clavos y hierros de los muelles. La  muralla de piedra mora busca contener las crecidas pero no puede defender el paso del agua y el paso del tiempo que todo se lleva. 


* para buscar más información: www.incuna.es